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¡Las niñas y los niños se respetan!

¡Las niñas y los niños se respetan!

jramirezh@rtvc.gov.co

8 Marzo 2017

“A las niñas nos toca hacer más cosas en la casa. Los niños casi no ayudan porque son flojos y porque las mamás no les dicen nada”, esa fue una de las respuestas que nos dio Carolai, de 12, cuando conversamos con ella durante el taller de ¡Alharaca! Por la paz que se realizó en Cartagena.

En Mi Señal queremos hablar con adultos y niños acerca del respeto hacia las niñas, de indagar si niñas y niños se perciben como iguales o si sienten que existen diferencias en cuanto al trato que reciben, a las tareas que desempeñan en el hogar y a las actividades que les gusta realizar.

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Nos encontramos entonces con un punto de partida: ¿Podemos hablar de respeto sin hablar antes de equidad y de equilibrio en las responsabilidades? Tal vez el mejor camino sea empezar identificando aquellas situaciones de la vida cotidiana en las que podemos estar tratando de manera injusta a las niñas o a los niños.

 

 

 

 

¿Quién hace qué?

Tener un lugar dónde vivir y compartirlo con las personas que aman es un motivo de alegría para niñas y niños. Pero esa felicidad a veces se ve opacada cuando se evidencian las diferencias a la hora de asumir las responsabilidades del hogar: hacer el mandado, ayudar con el aseo, servir la comida, lavar los platos y la ropa, sacar la basura, cuidar a los hermanos pequeños, etc.

En el reporte publicado por UNICEF en 2016 llamado ‘Sacar partido al poder de la información para las niñas: balance y previsiones hacia el 2030’, se revela que las niñas que tienen entre 5 y 9 años dedican más tiempo a las labores domésticas que los niños de su misma edad. Porcentaje que aumenta a un 50% cuando cumplen 14 años. En este documento se expone que las tareas que se le asignan a las niñas suelen pasar desapercibidas o ser consideradas como tareas “menores”.

Ocupar esta cantidad de tiempo en las tareas domésticas implica que las niñas tengan menos posibilidades de estudiar, jugar, disfrutar de su tiempo libre y, por ende, de ganar confianza en sí mismas y ser autónomas.

 

 

¿Cómo nos tratamos en casa?

Otro tema que entra en juego cuando nos preguntamos por la equidad de género es el de las relaciones intrafamiliares: cuando los niños tienen dos años empiezan a imitar las conductas de los miembros de la familia de su mismo sexo y pueden distinguir cuando alguien es hombre o mujer. Así que los roles que desempeñan los padres, las ideas y sentimientos que expresan, y la manera en la que se tratan entre ellos y a sus hijos e hijas, resulta fundamental para que las niñas no se sientan en desventaja y los niños, a lo largo de su vida, derrumben el estereotipo de masculinidad, muchas veces reforzado por la sociedad y la religión, en el que se espera que no expresen sus sentimientos y que se presenten como seres fuertes y dominantes:

 

“Un padre que comparte de manera justa el trabajo doméstico, que valora y educa a sus hijos e hijas por igual, que abraza a sus hijos e hijas y que trata a su esposa como una persona igual tendrá un impacto poderoso en la manera cómo sus hijos crezcan y se conviertan en hombres y cómo traten a su propia familia”.

El estado mundial de las niñas (Fundación Plan, 2011).

 

La figura masculina que esté presente en casa (que puede ser el abuelo, el tío o el hermano mayor), debe ser constructivo, amoroso y confiable, puesto que las relaciones familiares son fundamentales para el bienestar de niñas y niños, para su autoestima y para su capacidad de establecer objetivos y actuar.


La gentileza, la justicia, el sentido de la responsabilidad y el respeto mutuo son valores que se pueden heredar de una generación a otra y, con base en ellos, construir vínculos de confianza, afecto y buena comunicación que les permita a niñas y niños hablar, expresarse con libertad y compartir sus problemas y preocupaciones.

 

 

¿Qué ocurre en la calle?

En muchas sociedades todos los miembros de la comunidad cuidan a los niños y las niñas -propios y ajenos-, y están alerta frente a situaciones irregulares o personas extrañas para intervenir a tiempo. Dejar a un lado la indiferencia hacia el maltrato que ocurre a nuestro alrededor puede hacer que, si se llega a presentar una situación como la que vivió Yuliana, alguien la salve antes de que se cierre la puerta de ese carro.

En 2015 la Fundación Plan realizó el estudio ‘Las niñas se expresan: una encuesta en cuatro países sobre las actitudes de las mujeres jóvenes y recomendaciones para la acción’. Uno de los países visitados fue Nicaragua: “Allí, las niñas expresaron no sentirse seguras en el transporte público, caminando solas en público, o al estar en la calle después de que oscurece. Además de la amenaza y el temor de la violencia física y sexual, las niñas denunciaron el acoso verbal por parte de hombres y niños en las calles”.

Las frases citadas por este estudio no están alejadas de lo que ocurre en nuestro país. Emma, una de las niñas con las que Mi Señal conversó en Cartagena, nos contó que una niña vecina suya estuvo a punto de ser violada por un señor de una tienda, pero que lo que se comentaba en sus calles era que “para qué se ponía esas faldas tan cortas”. Esta misma niña, en desacuerdo con lo que decían algunas personas de su barrio, expresó que “las niñas se pueden poner lo que quieran pero los adultos no tienen por qué hacer nada de eso. Nos tienen que respetar”.

Lo que se comenta en el barrio de Emma revela también una actitud que se ha ido forjando en algunas sociedades: la normalización de la violencia. Esto lleva a las personas a poner la responsabilidad de los hechos en la víctima, y, de paso, cultivar en las niñas la creencia de que el abuso sexual, la violencia y las relaciones sexuales de riesgo se pueden evitar si ellas mismas cambian:

 

“Muchas niñas afirmaron que podían reducir el riesgo al moderar su propio comportamiento, por ejemplo, vistiéndose apropiadamente y evitando acudir a lugares públicos”.

Contar lo invisible, Fundación Plan (2016, P45).


 

¿Qué dicen las cifras en Colombia?

El panorama en Colombia para las niñas, y en especial para las que tienen entre 10 y 14 años, es complicado. A esa edad, según la Fundación Plan, muchas niñas enfrentan grandes dificultades para transitar hacia la adolescencia y la adultez de manera segura y feliz. La pobreza, la violencia -en casa, en el barrio, el conflicto armado- , el matrimonio temprano, la deserción escolar y el embarazo temprano atentan contra los derechos y el desarrollo de gran cantidad de niñas colombianas.

  • En Colombia cada día son violadas por lo menos 21 niñas entre 10 y 14 años.
  • El reporte de la violencia contra las niñas aumentó entre 2012 y 2015. Cada día, 22 niñas son víctimas de violencia. 11 niñas mueren por causas violentas cada mes.
  • El embarazo en niñas de 10 a 14 años tiende a aumentar. Cada día hay 18 partos de niñas de 10 a 14 años.

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No podemos olvidar que detrás de cada estadística hay una vida, que cada número representa una historia, un nombre, una familia. Ninguno de esos casos tuvo que haber ocurrido y tendría que haber sido evitado.

Respetar a las niñas entonces empieza por promover la equidad, valorar su derecho a la vida, impulsarlas a descubrir sus capacidades, su fuerza; motivarlas a ser quienes son, acompañarlas en las dificultades que la vida les presenta.


¿Hablas de estos temas con los niños en casa? ¿Habrá diferencias en las tareas de cada miembro de la familia? ¿Niñas y niños perciben alguna desigualdad en casa o en el colegio? Empecemos desde allí a cambiar la historia de las niñas.

En Mi Señal, las niñas se respetan… y los niños también.

 

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